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Juan Basterra 

 

 

   De las cartas y el amor

Por Juan Mario Basterra*

 

Pocas historias de amor desafían con tanta resistencia el paso del tiempo, como la de Katherine Whitmore y Pedro Salinas. Tres poemarios: "La voz a ti debida", "Razón de amor" y "Largo lamento" y un libro constituido por 141 cartas de las 354 enviadas por el poeta a su amada, son los testimonios visibles de aquella pasión de casi veinte años. La intensidad de las palabras de Salinas incluidas en el epistolario (las cartas de Whitmore nunca fueron publicadas) atraviesa los decenios que nos separan de la muerte del poeta y llega a nosotros desvinculada de las contingencias que la produjeron para instruirnos sobre las verdaderas enseñanzas de la plenitud y el sufrimiento amoroso.

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Salinas conoció a Whitmore en el verano de 1932. La joven estadounidense tomaba clases de español en un curso de la universidad de Madrid y Salinas era uno de sus profesores. Whitmore tenía 35 años y Salinas, 40. El poeta madrileño, cuyo nombre completo es Pedro Salinas Serrano, fue integrante de lo que algún tiempo después se conocería como la Generación del 27 y era amigo de Federico García Lorca, Vicente Aleixandre y Jorge Guillen. Era, además, un hombre casado y con dos hijos.
Whitmore, cuyo nombre de soltera era Katherine Prue Reding, había nacido en Kansas y era una hispanista destacada para la época en que conoció a Salinas. Tenía ojos de un color azul deslavado y un pelo rubio ceniciento peinado hacia atrás. Así la recordaría uno de los amigos de Salinas en sus memorias. Recordaría también el tono grave de su voz, "sus intervenciones siempre atinadas" y la deslumbrada mirada con la que contemplaba a Salinas.
El madrileño, que había comenzado en 1921 la primera traducción al español de "En busca del tiempo perdido" de Marcel Proust, se había casado muy joven con Margarita Bonmatí Botella, heredera acaudalada de una familia alicantina establecida en Argel. Algunos años después, y mientras nacían los dos hijos del matrimonio, Soledad y Jaime, Salinas le dedicaría un conjunto de cartas reunidas en el epistolario "Cartas a Margarita". El tono forzado y sin brío de las cartas a la esposa contrasta severamente con el que algunos años más tarde daría forma y sustento a aquellas que dirigió a su amada Katherine. Margarita Bonmatí Botella nunca habría de leer las cartas de su esposo a Whitmore, pero sí su libro "La voz a ti debida". Intentó suicidarse poco tiempo después de conocer el affaire de Salinas con la estadounidense. El poeta, siguiendo el código de honor de la época y las conveniencias sociales, nunca abandonó a su esposa. Tampoco abandonó el amor que lo vinculó a su musa. De esa feliz contingencia proceden su extraordinaria poesía conceptista y el valor supremacista del amor que expresó en la misma.

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Las cartas comenzaron a escribirse en 1932 casi al mismo tiempo que los primeros poemas de "La voz a ti debida", libro que recupera, en su título, un verso de la Égloga III de Garcilaso de la Vega. En la primera de las cartas, escrita en Madrid el 1 de agosto, dice Salinas: "Al salir de clase todos mis sentidos se complacían, ¿sabes en qué? En sentir en el bolsillo, junto al pecho, el bulto de tu carta. ¡Qué mentira eso de que el papel no pesa! Anoche el papel de tu carta me pesaba como la más hermosa y grave de las realidades". Unos días después, el 7 de agosto, escribe: "Los deberes del día, los nombres, los quehaceres, todo quedaba atrás, borrado, perdido como las líneas de la montaña. En la gran vaguedad nocturna ya no tenían esos dos seres nombres ni oficio, ni deberes, ni historia. Ya no estaban encerrados en sus límites infranqueables" y el 28 de febrero de 1933 agrega: "Tu eres lo que siempre me está pasando". El tono de estas cartas estaba en perfecta consonancia con los poemas escritos a Katherine en "La voz a ti debida". Así, en uno de ellos, expresa:

Ha sido, ocurrió, es verdad.
Fue en un día, fue una fecha
Que le marca tiempo al tiempo.
Fue en un lugar que yo veo.
Sus pies pisaban el suelo
este que todos pisamos.
Su traje
se parecía a esos otros
que llevan otras mujeres. . .

El deslumbramiento y la esperanza amorosa unidos al deseo del Absoluto recorren todos los poemas; también el tono presagioso y no deseado de la despedida:

No quiero que te vayas,
dolor, última forma
de amar. Me estoy sintiendo
vivir cuando me dueles
no en ti, ni aquí, más lejos:
en la tierra, en el año
de donde vienes tú,
en el amor con ella
y todo lo que fue. . .
Salinas escribiría sus cartas a Whitmore hasta noviembre de 1951; en el interín se habría de publicar "Razón de amor" (1936). El último libro de la trilogía, "Largo lamento", tendría carácter póstumo.
Las razones de la ruptura de la relación entre Salinas y Whitmore (Katherine se había casado en 1939 con un colega, Brewer Whitmore, del cual adoptó su apellido) habría que buscarlas, probablemente, en la negativa permanente de Salinas en terminar con su matrimonio y en el elevado concepto en que se tenía en relación a su musa inspiradora. Eso es lo que confiesa Katherine.
Se verían por última vez en la primavera de 1951. Salinas ya estaba enfermo de cáncer pero Whitmore lo ignoraba. Habían acordado encontrarse en un café de Northampton, Massachusetts. Era una tarde desapacible de marzo y Katherine, de acuerdo a su propia versión y tomando la mano de Pedro al terminar su café, le preguntó: "¿Entiendes porque terminé con lo nuestro?" Salinas, disgustado y con el ceño fruncido, contestó: "No, la verdad es que no. Otra mujer, en tu lugar, se hubiera sentido muy afortunada". Estuvieron juntos unos minutos más, callados, antes de despedirse para siempre.
Salinas moriría en Puerto Rico algunos meses más tarde. Whitmore lo sobreviría 31 años. Las cartas habrían de publicarse 20 años después de la muerte de Katherine, obedeciéndose así a un deseo expresado en sus últimas voluntades.

 

Este artículo fue publicado en el Diario Norte de Resistencia (Provincia del Chaco)

 

*Juan Basterra nació en La Plata el 27 de junio de 1959. Es profesor en Biología. Tiene publicadas dos novelas: Tata Dios (2015) y La cabeza de Ramírez (2016). Colabora en diario Norte, de Resistencia, Chaco, donde publica columnas en el suplemento dominical "La chaqueña".

 

 

Toño 2 

 

 

   UN BREVE APORTE A LA LITERATURA DE fRÍAS (Santiago del Estero)

Antonio Cruz*


Debo admitir que durante mi niñez y adolescencia comencé a amar la literatura gracias a tres personas. En primer lugar mi padre (que nunca me regalaba juguetes sino libros), más adelante influyó mi maestra de sexto y séptimo grado, Amalia Esilda Ramos (quien me regaló uno de los libros que más me impactaron: "El libro de las tierras vírgenes de Ruyard Kipling") y por último mi porfesora de literatura de la secundaria, Elizabeth González con quien descubrí a Horacio Quiroga, Leopoldo Lugones, Esteban Echeverría, Juana de Ibarbouru, Mark Twain y Jack London, entre muchos otros. No obstante, hace algunos años, cuando comencé a investigar sobre literatura y descubrí algunas joyas de la literatura santiagueña, me pregunté muchas veces la razón por la que no habíamos leído autores santiagueños y ni siquiera frienses. De allí surgió la idea de este artículo.

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