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ELISEO FRINGES

 

Selección de textos y nota biográfica: Verónica Sotelo

 

Eliseo Fringes, (Villa Mercedes, San Luis, Argentina, 15 de diciembre de 1889) Llegó a Frías para constituirse en uno de sus más ilustres habitantes a lo largo del siglo y medio de vida de la pequeña ciudad del suroeste santiagueño. Desempeñó una inapreciable labor en el campo de la salud (se supone que fue, si no el primero, uno de los primeros médicos que se radicaron y vivieron hasta el fin de sus días en la ciudad). Médico de labor sacrificada y sencilla fundó una familia que con el correr del tiempo llegó a ser una de las más tradicionales de nuestra ciudad. Luchó sin descanso contra la peste neumónica en 1934 y hasta el momento de su muerte, ejerció con dignidad la medicina.
En el campo de la literatura, fue un poeta de fina sensibilidad. Aunque también incursionó en la prosa y en el periodismo. Su obra literaria fue objeto de estudio del médico-historiador añatuyense Vicente Oddo. Publicó tres libros de poesía Poesías, Poemas de la vida y Luminarias. En el año 1946, fue antologado por Moisés Carol en su obra Letras santiagueñas. Falleció en Frías el 19 de marzo de 1967.

 

Libro Fringes 

 

Soneto a la lluvia

Divina gracia en bienes generosa
Riego fecundo sobre un seco Estío,
Brindas sano alborozo al caserío
Y suave aliento al aura quejumbrosa.

 

A tu caricia, maga prodigiosa,

Alza vivaz sus frondas el plantío,
Y entre el vario rumor con dulce pío
Su canto inicia el ave bulliciosa.

  

Cuán más sensible a tu frescor el pecho
Sediento absorbe con fruición y expande
Su caja opresa de mortal agobio,

 

Que al punto muestra su vigor rehecho;
Cuánto doquiera dilatado escande
El sol de enero con candente oprobio.

 

Admira y adora
Tú no debes pensar... y sin embargo
Alma mía es tu afán obsesionante
El "¿por qué?" del eterno interrogante
En el silencio del insomnio largo.

 

Tú no debes pensar. A qué el recargo
De cuanto pensamiento delirante
Las galas de la vida en un instante
Convierte en sombras de dolor amargo.

 

Bástete: cómo el cielo es transparente
Cuán límpido el espejo de la fuente
Bellos la flor y el pájaro canoro;

 

Tú también flor de encanto peregrino,

Abre y guarda en tu cálice divino
Del sol resplandeciente todo el oro.

 

Anhelo
...Ser el poeta del aliento grande
Sentir este arte que musicaliza
La conmoción flamígera del Ande
Y el murmullo de la suave brisa.


Henchido de ansiedad loar el mundo
Pleno de maravillas infinitas.
Cantar por los caminos, errabundo,
Tiernas consejas y amorosas cuitas.

 

Marchar por los confines de la noche
Para auscultar su corazón augusto,
Que en las estrellas con ceñido broche
Guarda un ángel magnífico y adusto...

 

Y a la rosada lumbre de la aurora,
Cuando la flor y el pájaro conciertan
Su belleza sin par, cantar la hora,
Con dulces voces que el amor despiertan.

 

Ser, todo yo, ls cuenta sensitiva
Vibrando arpegios en el alma rota
Por el dolor; ser la esperanza viva
Cantando el preludio de una nota.

 

En la paz de la altura
En el mar azul el cielo
Que el alba se iris esmalta,
En la inmensidad más alta,
Boga en el silencio de mi anhelo.

 

Huyendo las tempestades
De la terrena ficción,
Busca gozar con fruición
Las serenas realidades.

 

Porque es mentira dorada
Que a la razón embelesa,
¡Cuánto se trueca en pavesa
Por los vientos dispersada!

 

Allí es la calma bendita
De los mundos admirados;
No igualan reinos soñados
Aquesa gloria infinita.

 

Plenitud inmarcesible
Bajo la mano de Dios...
... Qué eres minúsculo ¡oh!
Débil corazón sensible.

 

Más, el numen que te inspira
Sublime revelación.
Domeñando la pasión
Que encarnizada conspira.

 

Auras primaverales
Ligeras como un rayo matutino,
El cáliz de las flores van besando,
Colúmpianse en las frondas susurrando
Y ondulan en los juncos del camino.

 

Y vuelan en redor del peregrino,
Sus plácidas visiones agitando
Y henchidas de ventura revolando
La senda siguen de su claro sino.

 

El hálito celeste que las mueve,
De vida efluvios en sus ondas leve
Difunde y ellas con igual porfía

 

Cruzando por la tierra, generosas,
Le dan para el amor, cantos y rosas,
De los cielos la prístina armonía.